DEVOCIONAL DIARIO

 

Fecha: 02-25.18

El poder de la Palabra de Dios

“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.” Salmo 119:105

PASAJE COMPLEMENTARIO: Juan 8:12; Mateo 22:29

Desde los tiempos antiguos, Dios ha hablado al hombre de una manera firme y contundente. Ha revelado su voluntad. Podemos decir que hoy en día somos privilegiados porque tenemos acceso directo a la palabra de Dios, que es la Biblia; y aunque tenemos esta inmensa oportunidad, no todos la aprovechan. Si hay algo necesario e imperativo hoy en el mundo es conocer la Palabra de Dios, ya que ella es luz en tanta oscuridad que hoy reina.

En un mundo donde todo es relativo y subjetivo, la palabra de Dios es lo único seguro, en la cual podemos depositar toda nuestra confianza. Sin embargo, cuantas personas en su obstinación, en su ceguera y sordera espiritual, han cerrado su corazón a las verdades de Dios y “profesando ser sabios se han hecho necios”. Bien lo dice el Señor cuando en cierta ocasión disputaba con un grupo de saduceos: “ustedes están equivocados, ni saben lo que dice la Biblia, ni conocen el poder de Dios.” Esto también nos puede ocurrir, que por falta de conocimiento de la Palabra de Dios, caigamos en errores y equivocaciones que muchas veces nos cuestan demasiado, sufriendo y haciendo sufrir a los demás.

Si el ser humano comprendiera la dimensión de la riqueza que contiene la Biblia, no se rendiría tan fácil o rápidamente ante los problemas de la vida, pues a través de su meditación y estudio permanente comprendería las verdades relacionadas con Dios, como es, que nada hay imposible para Él. Conocer su Palabra nos lleva, por tanto, a desarrollar fe, y como la fe mueve montañas, nos lleva a ver al Dios de los milagros, el Dios de los hechos sobrenaturales. Lo invito a meditar en estas verdades acerca de la Palabra de Dios, que lo llevarán a vivir por encima de las circunstancias. Permita que ella alumbre su vida, y así evitará andar en medio de las tinieblas.

HABLEMOS CON DIOS

“Amado Señor, mi corazón hoy se llena de gratitud contigo, porque un día llego la luz de tu palabra a mi vida sacándome de las tinieblas en que me encontraba. Te pido mi buen Dios, que cada día brille tu luz divina en mi corazón, en el de mi cónyuge, de mis hijos, y en toda mi amada familia. Amén”.

 

 

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