DEVOCIONAL DIARIO

 

Fecha: 02-24.18

Consejo de Dios

“Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien. Toma ahora la ley de su boca, y pon sus palabras en tu corazón” (Job 22:21-22)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 4:1-8

Uno de los males que con más frecuencia agobian a los seres humanos en este afanado siglo XXI, es ese disturbio interior, esa tensión gigantesca, llamado “estrés”. Es común oír decir por doquier: “Me siento muy nervioso, agotado, no puedo dormir”. Y es igualmente frecuente que las personas acudan a su médico o al psicólogo y recibir respuestas como: “Lo que usted necesita es un descanso”, “Olvídese de sus problemas”, “Pida unas vacaciones y relájese”. Lo cierto es que inútilmente los seres humanos en estas condiciones recurrimos a un sinnúmero de soluciones que si bien algunas de ellas nos traen algún bienestar pasajero, no pueden tratar la verdadera causa de la angustia y la ansiedad que acompañan la vida del ser humano. Hoy tenemos que recordar las sabias palabras de un gran líder religioso que nos aclara cuál es el verdadero descanso que todos necesitamos experimentar permanentemente: “Nos creaste para ti, oh Dios, y nuestro corazón andará en desasosiego hasta que no repose en Ti”.

A lo largo de todos estos años de continuo aprendizaje acerca de las enseñanzas plasmadas en la Palabra de Dios, me he dado cuenta que el descanso no se halla en un lugar, en hacer o dejar de hacer cosas; el verdadero descanso se centra en una persona: Jesucristo. Él es el Príncipe de paz, es el que nos ofrece una paz que sobrepasa el entendimiento humano, una paz sobrenatural, que el mundo no puede dar. Es también quien hace la invitación a todo aquel que, en cualquier época o circunstancia, se sienta cansado, exhausto a causa del trabajo o agobiado por las cargas de la vida, que experimente verdadera paz y el verdadero descanso en su presencia.

La manera como opera este descanso que Dios da a través de Jesucristo, es colocándonos en contacto con su presencia, donde nuestra atención se concentra en la voz divina. Escuchamos su verdad liberadora que nos proporciona paz, alegría y esperanza. Disponemos el corazón para seguir la instrucción y el consejo recibido. Experimentamos el poder de lo alto para ejecutar lo bueno y lo justo a los ojos de Dios y luego, al cerrar los ojos en la noche, nada nos puede robar la paz que sentimos cuando hemos obrado en obediencia e integridad delante de nuestro Creador y Dios.

HABLEMOS CON DIOS

“Mi buen Padre, hoy comprendo que mi más grande reposo eres Tú. Conocerte y hacer tu voluntad me proporciona la seguridad de tu respaldo y de tu incondicional ayuda. Te pido que conserves mi corazón recto y obediente a ti, y con un ferviente deseo de buscarte cada día. Entonces diré como el salmista: “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” (Salmo 27:1)

 

 

 

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